Técnicamente me paralizo sobre alguna de las losetas y clavada como una estaca dejo que el mundo ruede mientras yo me dedico a no hacer nada más que pensar; Pensar en lo triste que me siento, en las razones que deberían de alegrarme, en los proyectos que debería estar realizando y en todo lo que dejo a medias por convertirme en loseta en horas laborales.
Pero lo curioso no es que la tristeza me inhabilite y me convierta en loseta, lo irónico es que la felicidad me pone en un estado similar, en el que no sólo dejo que el mundo ruede; además, con toda la poca vergüenza que tengo, me dejo llevar y me olvido de lo que tengo que hacer. Simplemente me siento tan bien que paro de dibujar, de escribir y de escudriñar en mi inconciente un buen chisme para mis tardes de ocio.
Los espacios vacíos entre un estado y otro se han ido llenando de mi mala ortografía y mi caos de consonantes bicolores y vocales desteñidas. Los miedos de adolescente, recuerdos de infancia, descubrimientos eróticos, fantasías magenta, anhelos a lápiz, retratos hablados, opciones múltiples y secretos nocturnos se han ido quedando aquí, en algún lugar entre mi teclado y sus monitores.
Lo que hace un año comenzó como un acto más de curiosidad se ha convertido hoy en parte indispensable de mi rutina. Gracias a todo ustedes, divinos pecadores desclosetados, quienes por alguna patología en común han disfrutado leer mis pecados. GRACIAS a todos por más de 40,000 hits., por sus comentarios, correos electrónicos y sobretodo por abrirme la puerta para fisgonear entre sus letras.
Así como ignoro la cantidad de pecados que he confesado aquí también soy incapaz de calcular cuantas veces me he extraviado entre mis sueños y que colores he olvidado bajo mi almohada. Hoy es el primer aniversario de este blog y a pesar de que la constancia no es una de mis virtudes esta mezcla de narcisismo, exhibicionismo y voyeurismo se ha convertido en una de mis mayores satisfacciones.
En cuanto al festejo debo decir que inútilmente he intentado recordar la celebración de mi primer cumpleaños; La verdad es que nunca le he preguntado a mi madre como fue, tal vez ahora debería llamar a mi padre y preguntárselo, ¿Tuve un pastel? ¿Había otros niños o estuve rodeada de adultos como el resto de mi infancia?, ¿Me compraron una piñata?... ¿Y las fotos? Sí, seguramente habrá fotos, pero... ¿cuáles serán? Soy buena calculando espacios, medidas y colores, incluso edades en las personas adultas, pero en los niños nunca he sabido hacerlo; Soy incapaz de descifrar correctamente mi propia edad en las fotografías.
A mis veintiséis lo más cercano a un hijo que he tenido es este blog; un hijo que más que del amor nació de la curiosidad, el ocio, la tristeza, la frustración, la soledad, la creatividad y la capacidad de asombro que intento no olvidar en las recetas. Pero ¿cómo celebrar un año de blog?, pensé que lo más adecuado sería una reunión, así que intenté que los amigos que han surgido a través de este espacio compartieran uno de sus divinos pecados, (mil gracias a los que si lo hicieron).
Al principio todos dijeron que sí, al final nos llegó el día y por motivos de trabajo, memoria o algo más no les fue posible compartir sus letras. Aun así sigo pensando que sería la mejor forma de celebrar así que me atrevo a pedirles, a todos los que hayan podido llegar hasta el final de este rollo mareador, que me compartan uno como regalo de primer aniversario...
Mientras tanto mis Divinos Pecaditos quedan como siempre a sus órdenes y para sus desórdenes...





-No llevaré mucho, seguro una sola maleta- Eso fue lo que le dije a mi madre antes de irme de fiesta con Chava. Eran las cuatro de la mañana cuando regresé a casa medio borracha. Terminé la maleta y aquello que no debía ser mucho se convirtió en una gran maleta verde.


Estoy nerviosa y los vasos de agua se evaporan frente a mi sin disimulo. Tú hablas y yo miro tus ojos tratando de ignorar la sed que me provocas.




















