miércoles, octubre 22, 2008

miércoles, octubre 08, 2008

Terminología culinaria sugerida para hincar el diente sin tapujos

Emborráchese cual bizcocho
Macere las ganas
Descorazone el pudor
Chamusque sus prejuicios
Clarifique el caldo
Bañe y condimente sin vergüenza
Acanale y abrillante al gusto
Aderece sin temor
Alargue lo prudente
Levante hasta lograr ebullición
Amalgame a temperatura ambiente
Bata la mezcla
Separe las cortezas
Llegado al punto arrope la masa
Escabeche los recuerdos y utilícelos de guarnición
Repose la mezcla mientras remoja las ideas y reorganiza la receta

miércoles, octubre 01, 2008

El inicio

Letras manuscritas, cortadas en lija y pegadas sobre madera; vocales y consonantes que brindan una experiencia dactilar mucho más sensual que cognitiva.

Los dedos regordetes siguen la figura trazada por la lija mientras que la mayor de nosotros repite los sonidos de la a la z.

Preguntas a cuatro recuerdos claros de aquél preludio literario

La dama de cabellera espectacular y frágil voz a la que hoy va dirigida esta carta y a quien le debo directamente ser capaz de mezclar vocales y consonantes sin disimulo

¿Seguirá practicando el hedonismo rugoso?


La pequeña y entrañable Sara con quien sigo compartiendo aquellas letras a pesar de las distancias

¿Fotografía, biología o diseño?


La sonrisa incompleta de Manolo después de morder vorazmente una manzana.

¿Qué habrá sido de él después de que dejó de habitar en aquella foto?


La necesidad impertinente de contar historias falaces de aquella niña, de nombre aún más raro que el mío

¿Seguirá siendo inmune a los suflés de vegetales venenosos?

domingo, diciembre 02, 2007

Perversión paternal en tres actos

I
Papá se topa a Teté en un pasillo y pasa de largo


II
Teté lo saluda y le pregunta si no la recuerda


III
Papá contesta: ¡Teté! No te reconocí, es que traes pantalones

domingo, octubre 07, 2007

Sobre el viaje

En la entrada a la sala se leía claramente: La evolución del hombre.

La primer imagen dentro de la sala era esta...


El comentario del caballero fue:

-léase en tono de Homero Simpson-
MMMMM¡Chichis!





Ventanilla 17, reclamaciones:
¿No que habiamos evolucionado pues?

viernes, octubre 05, 2007

Perspectiva.

(Del lat. tardío perspectīva [ars], óptica).
f. Apariencia o representación engañosa y falaz de las cosas.

A cierta altura las prioridades se modifican instintivamente;
por eso me gustan los vuelos largos.

jueves, agosto 16, 2007

Uno

Quienes saben de suculentas me dirán que la clasificación correcta es la siguiente:

- Nombre científico o latino: Pachypodium lamerei
- Nombre común o vulgar: Pachypodium lamerei
- Familia: Apocynaceae.
- Origen: Madagascar.
- Tamaño en maceta: de 30 cm a 1,50 m.


Para mí simplemente se llama Uno.

Uno llegó a casa en septiembre del año pasado, medía escasos 7 cm de alto y sus hojas no llegaban a los 4 cm de longitud; su tallo era delgado y pálido y sus espinas apenas resaltaban entre las hojas. Para enero el pobre apenas contaba con las hojas suficientes para tapar el pudor de sus espinas.

En abril, cuando la migración fue inminente y nuestras vidas estaban apiladas sobre la plataforma de la mudanza Uno también se acomodó entre las cajas alistándose para el viaje.

Después de colocar la lona sobre el camión dudé que Uno fuera capaz de sobrevivir la falta de delicadeza del conductor. 16 horas después Uno llegó a casa increíblemente sano para tomar su nuevo lugar en el filo del balcón.

Una semana después la humedad se apoderó de Uno, las hojas y espinas comenzaron a brotar como si esto fuese Madagascar; para fin de mes Uno ya era el orgulloso dueño de una corona de hojas y espinas todas enfiladas en dirección a la palmera que le queda de frente.

¿Es una palmera también? -Pregunto la pequeña Maruchan-

No, en realidad es una suculenta enamorada.

¿Enamorada?

Sí, tan enamorada que se a convertido en la planta que le gusta, ¿ves aquella palmera?, es su novia.

iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, vocalizó emocionada la pequeña Maruchan, mientras movía el dedo índice frente a Uno.


lunes, agosto 13, 2007

Aceptación:

Irrefutable, el afuera de mis sueños es mucho más húmedo de lo que mis sueños han llegado a ser...

sábado, julio 14, 2007

Decápodo come Chetos

Desde niña me gustan los chetos, nunca me ha importado la sensación del queso pegado entre los dedos y mucho menos el color rojizo que permanece aún después de chuparlos.

Y si es difícil creer que un felino de las proporciones de Chester chetos existe, aún más complicado es imaginar a un crustáceo que gusta de rico sabor a queso en tan colorida textura.

He aquí la prueba de que el decápodo come chetos SÍ EXISTE




sábado, marzo 03, 2007

¿Se siente como perro sin dueño?

Pues de perdis hágalo con estilo…



Juguetes la Divina y el perro Ron les traen a ustedes el nuevo y original
PerroPack que incluye: un bonito collar rojo con medallita de identificación para que lo reconozcan, 100 carteles con su foto y descripción para pegar en los postes de su colonia y ayudar a que lo reclamen lo más pronto posible, un CD con ladridos de todas las razas para que sienta que tiene un perro que le ladre mientras alguien lo reclama y por último un espejito de mano para que practique esos ojos de perro extraviado tan necesarios en la escena…

viernes, marzo 02, 2007

sola y en minúsculas

Recordé la sensación de pérdida, el eco de mi voz, el hambre intermitente, la sed que provoca regar las plantas, el tiempo frente al monitor, las listas de deseos, los nombres propios y sobretodo el orgullo de ser cursi y hacerlo público.

jueves, noviembre 09, 2006

miércoles, octubre 11, 2006



Una no se puede comer una torta en la carretera sin ver un rebaño de vacas gordas pastando, decía Lucy. La frustración fue darse cuenta que la carretera estaba poblada de vacas flacas.

La primera vaca que me obsequiaron fue un regalo de mis padres, era la réplica a escala de aquellas vacas que buscaba Lucy en las carreteras a la hora del almuerzo. En la caja además del instructivo se incluía la promesa de iniciarme, a mis cuatro años, en el negocio de la ganadería.

Era una copia exacta que cabía en una caja que yo podía cargar. Había que darle agua para que ingeniosamente, por algún mecanismo interno que nunca entendí, se mezclara con una pastilla de color inmaculado, que también venía incluida en la caja, para terminar finalmente agitando el cencerro al tiempo que mis pequeñas manos hacían como que la ordeñaban mientras ella hacía como que daba leche.

La primer vaca que sacamos del empaque, antes de ponerle nombre, se negó rotundamente a tomar el agua, la segunda ignoró, igual que yo, cómo se mezclaba el agua con la pastilla inmaculada, y la tercera y última vaca con la que hicimos el intento se negó rotundamente a mover el cencerro, a tomar el agua y por supuesto a dar leche. Finalmente y ante la frustración familiar decidimos no quedarnos con ninguna y dejar escapar mi prometedor futuro en la ganadería.

Curiosamente hoy, dos años después de haber iniciado este blog, el regalo adecuado para la ocasión fue otra vaca, una en blanco, una vaca sin pecados lista para iluminarla con los míos.

Inmaculada, desde el rabo hasta los cuernos; juraría que las manchas las perdió en alguna apuesta con el chofer de la mudanza pero él, estupefacto, me lo niega.

-Sí le juro que ella y yo apenas y cruzamos palabra seño
-Mmmmm
-Serio, si no ve que apenas y muge, si esta blanca ha de ser por el susto
-¿Usté cree? ¿Pos que no traía más vacas?
- Pos sí seño, pero esta fue la última de la ruta
- ¿Y esta seguro que las otras no le volaron las manchas a la mía?
-Sabe Doña, pos eso si no supe, ya ve que luego unas son bien manchadas


miércoles, octubre 04, 2006

Tres vs treinta y cinco

El adulto intenta entretener al niño. El niño tiene tres años y el adulto treinta y cinco; el niño quiere jugar al papá y a la mamá como juega con su prima de cinco años, el adulto quiere jugar a que tiene tres años.

El niño saca de un cajón una Barbie y un Kent, así es como hay que jugar al papá y a la mamá replica el pequeño. El adulto sonríe morbosamente y le pregunta de hombre a hombre si no sería más interesante que invitaran a la tía a jugar para que sea la mamá, el niño, tolerante, lo mira y le indica que no.

El niño saca del cajón un par de Barbies completamente desnudas y se las muestra, el adulto interpela "oye, pero estas monas están deeees…" el niño interrumpe y contesta, "sí, están deeees…calzas tío".

viernes, septiembre 22, 2006

Recuerdos homónimos

Te quiero más que a la sal, dijiste.
Yo no entendí nada, hasta que recordé…



De niña me encantaba un centro comercial que en una de sus entradas tenía un acuario. No recuerdo el interior de la tienda, pero tampoco importa; lo esencial estaba en una pecera que daba hacia la calle.

Entonces mi cabeza no se alejaba más de un metro del suelo. La longitud de los cristales me superaba por mucho y los litros de agua salada eran, ante mis ojos, un océano en miniatura donde las plantas se movían cadenciosas entre las burbujas de los filtros, los caracoles se iluminaban con la luz de neón y los peces irrumpían estridentes la quietud de los caballitos de mar.


Podía quedarme el día entero mirándolos, preguntándome cuales eran los machos y cuales las hembras, imaginando que parejas tendrían crías y de que color serían. Me gustaba observar su cola enroscada en alguna planta mientras el resto de su cuerpo se movía siguiendo la dirección de la sal.

Tocarlos sólo era posible con la mirada, pero para mí era suficiente. Los vi tanto que aún tengo la sensación acuosa de vaivén en mi cabeza; aun sin recordar sus colores exactos, ni haberlos tocado nunca puedo recrear en mi mano la sensación de su textura; tan frágil como las alas de las libélulas.

Caballitos, ambos. Disímiles en volumen y quehacer; de mar y del diablo. El solo nombre me atemorizaba, "ten miedo del diablo" de algún lugar lo aprendí; y si aquellos gráciles insectos eran de su propiedad, miedo había que tenerles, pero el miedo, aderezado de curiosidad, incita la observación.

Los recuerdo color ladrillo, con alas que parecían vitrales diminutos y ojos enormes que eran capaces de ver más que los míos. Ágiles, de una rama a otra, tan rápidos que parecía que uno solo se multiplicaba al cambiar de lugar; contrarios a sus homónimos, exactos y veloces, se perdían a mis miradas.

A los ocho años conocí los caballos de silla, no recuerdo si la idea de montarlo fue mía o de los adultos del grupo, definitivamente no fue el mejor ejemplar ni la mejor experiencia. La abundancia de palmeras en aquella playa y el jamelgo a todo galope no fueron la vivencia más placentera, aun así no perdí la curiosidad por los caballos.

La última vez que me subí a uno me olvidé de mí y me dejé llevar como los caballitos de mar en el agua salada. A la mitad del viaje estuve a punto de terminar tirada en el suelo; aún ignoro si fue el caballo el que se arrepintió de tirarme o fui yo la que se retractó de caerse, sólo recuerdo haberme visto montada sobre el caballo y tirada en el suelo al mismo tiempo, multiplicada como los caballitos del diablo; sobre la silla y a las patas del caballo en un mismo instante...

Y todo, por recordar que me quieres más que a la sal.