viernes, mayo 05, 2006

¿Cuánto?

Él se ofrece y yo me resisto; me avergüenzo, sonrío e intento seguir de largo. El alto me obliga a detenerme y no soy capaz de decirle que no, Él tiene todo para convencerme y yo termino preguntándole: ¿Cuánto?

Le digo que tengo prisa y el me dice que no tardará más de veinte minutos en dejarme ir, además no tengo ni que bajarme del auto. No me quedan muchos argumentos para negarme y la verdad es que lo necesito. Con todo y pena termino por aceptar y él por hacer su trabajo.

Cierro las ventanillas y me dejo llevar. No durará mucho así que me relajo. Dijo que sería rápido pero no me imaginé que verdaderamente sería bueno; comienza con delicadeza en la trompita, apenas y la toca cuando ya esta indagando también el trasero, sube y baja con firmeza escurriéndose por todos los rincones sin darme tiempo de nada. Como bien dijo, ha sido rápido y efectivo. La canción de la radio con la que inició ni siquiera ha terminado y él ya me tiene empapada y encarrilada para lo que sigue.

En un abrir y cerrar de ojos estoy a la mitad de una tempestad, el agua golpea los cristales y yo me maravillo de ver como desaparece el mundo del otro lado. Por una módica cantidad soy la dueña de una tormenta de agua y jabón; por una bicoca regresan a mi memoria todas las tardes en que jugué con los carritos de mi primo en el auto lavado, aquél juego que no era para niñas pero que a mí podía seducirme horas; donde podía meter una y otra vez los carros al túnel de lavado para especular que sentirían mis automovilistas imaginarios de vivir por cinco minutos una borrasca a la medida.

domingo, abril 30, 2006

El WETPACK

En esta temporada de calor Juguetes la Divina piensa en usted y en su bienestar sexual y trae al mercado su nuevo producto

LLEGÓ PARA QUEDARSE...

Instrucciones de uso:
Sacúdase los prejuicios, coloque la cubierta de plástico
al colchón y échese unos vinos para entrar en calor.
Suelte el estrés, agítese la libido y mírese en el espejo,
(nomás pa´ asegurarse de que se sueñe a usted mismo y a nadie
más). Localice al objeto de su más oscuro deseo. Si se le
facilita eche a volar su imaginación, si se le complica abra
una fantasía de tetrapack y tállesela...
Y recuerde, aquí el que no se duerme no se moja...

sábado, abril 29, 2006

PD...


Porque hoy me lees, porque se que estas aquí y no te importa que sea básica o compuesta, porque simplemente tengo ganas de pegarme al monitor y revelarte mis secretas obsesiones con los vasos: los altos para el agua, los chaparros para la leche, los más finos para los jugos, los de metal para los alcoholes y los de veladora para expiar las culpas...

Paréntesis visual


Lo guardé para ti...

Gris

En cuclillas el mundo es gris; el piso es rugoso e irregular, el polvo es omnipresente; ¿el piso es del color del polvo o el polvo es del color del piso?. Inspecciono las líneas del pavimento y cuando fijo la vista en el suelo el polvo se oscurece, se mueve; entonces las veo, caminan en fila india hasta que se topan con mi mano y alborotadas se dispersan, tropiezan con mis zapatos y algunas descaradas se me suben a los dedos. Sólo la niña de cuatro años sabe de lo que hablo; ella examina el otro lado de la calle, igual que yo, con los cachetes sobre las rodillas se divierte mirando como las hormigas tropiezan con sus sandalias y se suben a sus dedos. Los adultos nos miran, las hormigas nos exploran.

Habilidades esféricas

Era una casa pequeña con un jardín al centro; sentada en el piso, con la cabeza entre las piernas observo el pedacito de tierra entre el césped y el escalón. Busco cochinillas; me maravillan sus múltiplespatitas y su habilidad para fugarse. Son pardas y flexibles, son el único bicho que conozco que cuando se siente atrapado se convierte en pelota y se deja rodar para escapar...

jueves, abril 27, 2006

Bicolor...


Rojos son los zapatos que no encuentro
Rojo es el cabello de mi alter ego
Rojos son mis labios
Rojos son los deseos que tengo en las bolsas
Rojo es el color de los acentos que no he puesto
Roja es la bolsa del día
Rojas son las alas que me prestaron
Rojos son todos los espacios vacíos
Roja es la manzana de mis deseos...

¿Y yo?, Yo también soy roja.

¿Y tú?, no Taz, tú eres azul; azul, como tus ideas, como tu música, como tu blog...

Azul...¿Cómo las letras que no has escrito?

Sí Taz, azul como la tristeza a la que me acostumbré, como las listas de deseos que escribí, como los sueños que puse a secar al sol, como las almohadas con las que me encariñé, como el aire por el que me dejé seducir entre peldaños...

Taz, la verdad es que me centré tanto en teñir las palabras con el color del día, que ahora que las tengo todas del color que las pedi no puedo evitar desorientarme...

jueves, abril 13, 2006

Andrea

Debe de haber tenido menos de un mes cuando llegó a la casa; era una bolita de pelo color cobre y carácter fuerte que se dormía en las macetas. Cuando nos cambiamos de casa y adquirimos un patio fue seducida por un árbol de lima con el que vivió un idilio hasta la muerte del árbol; la sola palabra lima podía hacerla brincar de cualquier sillón directo a la mitad del patio donde descansaba la lima de sus desvelos.

Cuando la lima murió, Andrea dejó de comer cítricos pero no perdió su apasionamiento botánico y decidió transferir su arrebato a la palmera de la esquina del patio; pasaba horas con las patas delanteras sobre el tronco y la mirada hacía el cielo ladrándole a las hojas.

De los cinco perros de casa era la más ágil y la mejor para cazar pájaros, de todos fue la que más tiempo pasó conmigo, la que decidió dejar de ser mi hija para creer que era mi madre, me cuidaba el sueño y me lamía las tristezas. Hoy, después de quince años tuvimos que despedirnos y no puedo más que sentir una tristeza muy grande y un sueño profundo con olor a lima: te extraño Andrea.

domingo, abril 09, 2006

Se solicitan sugerencias...

Después de bebernos la media hora por la que íbamos, en la mesa sólo quedó una botella color carmín; Tú ofreciste, yo asentí. ¿La cuenta? Esa no me la pidas porque la perdí antes de comenzar a contar; justo en el momento en que las sillas se pegaron al piso, la mesa se redujo, los personajes se multiplicaron, el baño se alejó y el equilibrio se me fundió en alguno de los hielos...

En el baño un espejo; me miro a los ojos y sin consideraciones me ordeno: Camina derecha, mira al frente, evita tambalearte y sobre todo no le digas a nadie lo separados que están tus pies de tu cabeza.

Fiesta, sí; la de uno de mis mejores amigos, otro ariano de veintisiete que igual que yo no sabe si deprimirse, enojarse o alegrarse de cumplir años. Intuyo, por la magnitud de la fiesta, que este año como los anteriores optó simplemente por adueñarse del equilibrio y la cordura de varios invitados.

Yo aún no decido que sería bueno para mí este año, por lo que solicito de la manera más amable todas las sugerencias posibles...

sábado, abril 01, 2006

Compulsiones de familia

Antes de llegar al noventa perdíla cuenta tres veces, del cien al quinientos me distraje en dos ocasiones y después del seiscientos confundí los seis con los siete; a pesar de todo, no desistí.

Ignoro si fue mi miedo a los temblores, mi imaginación exacerbada, mi ignorancia vial o simplemente el aburrimiento provocado por las horas de viaje en carretera, pero de niña me divertía imaginar que las rayas discontinuas y blanquecinas a mitad del pavimento eran la prueba irrefutable de que alguien más grande cuidaba de nosotros; alguien protector, como una madre,y grande, como los gigantes que aparecían en mis cuentos del librero. Aquellas líneas eran claramente el zurcido necesario para evitar que la carretera se abriera en canal y nos tragara, aquellas rayas merecían y exigían mi atención y mi tiempo para ser inventariadas.

Claro que había espacios en los que aquel trabajo estaba mejor elaborado y la puntada era seguida y no discontinua; recordaba las clases de costura en el taller de mi abuela y una línea seguida siempre indicaba que la puntada era más firme, llevaba más hilo y por ello quedaba reforzada, pero las puntadas continuas nunca me provocaron morbo, la contabilidad extrañamente pasaba del uno o dos y terminaba por aburrirme.

No me importaba si era norte, sur o centro, porque aquella labor podía efectuarse casi en cualquier pavimento, aunque en la ciudad solía encontrar otras distracciones que terminaban por robar mi atención, como los anuncios luminosos de División del Norte. Mi madre me decía que podía hacer cambiar el juego de las luces de un anuncio de la Corona tronando los dedos;lo intenté todas las veces que pasé por ahí pero el letrero tenía una preferencia marcada por las órdenes de mi madre.

Más grande escuché que mi abuela contaba las cosas iguales en forma o color así como yo contabilizaba las puntadas divinas en la carretera. Primero sentí emoción de que genéticamente aquella actividad hubiera llegado a mi cuerpecillo gracias a la maravilla del ADN, y justo cuando comenzaba a enorgullecerme de tener algo en común con la madre de mi madre, ella continúo el comentario y dijo: El doctor me dijo que eso lo hacen las personas que tienen algún desequilibrio mental. Entonces sentí que me caían encima todas las rayas blancas y figuras símiles que había contabilizado y acumulado exhaustivamente en el subconsciente; cayeron sobre mí acompañadas de un torrente de preposiciones; se mezclaron en formas, colores y texturasy me ha llevado años darles un nuevo orden.

Hoy sé que mi abuela mintió con aquella aseveración, detrás de todo no había un desequilibrio mental, ¡había un montón! Sin embargo, gracias a aquel derrumbe de divinas rayas blancas, azulejos, postes, letreros luminosos, foquitos navideños, vestidos estampados, fichas de dominó, vasos de colores, botones y cajas de hilos que se me atravesaron en el camino elaboré un catálogo con formas y figuras que me entretiene acomodar en los momentos de ocio. ¿Qué haría yo ahora, a mis casi veintisiete, sin mis desequilibrios heredados?

lunes, marzo 27, 2006

Puedo decir que...

Me quedé sin tiempo,
Que el castor se robó mis fantasías,
Que tengo miedo a que el SÍ me haya hecho más cursi que antes,
Que mis letras se hicieron sopa,
Que me perdí entre cuentas de colores,
Que me mandé por correo y no llegué,
Que la computadora no me habla,
Que me hice pastel y me pegué al molde,
Que olvidé regarme y me sequé,
Que me perdí en un deseo nocturno,
Que no he despertado,
Que me sigo esperando en un café,
Que demandé a mi imaginación por abandono de hogar,
Que me fui a buscar trabajo y no he regresado,
Que me quedé en un recuerdo de infancia,
Que me comí la manzana,
Que perdí el camino al paraíso y no encuentro mis tacones rojos para regresar,
Que no sé que sigue,
Que extraño este espacio...

lunes, febrero 13, 2006

la tanga pródiga

Puedo describirte con exactitud la forma en que pasé de mi característico blanco al más escandaloso de los rojos; aún tengo presente la sensación de frío que recorre la cabeza de la nuca hacia la frente, el cosquilleo que baja por los párpados y que termina por hacerse nudo en la garganta, la vergüenza ilimitada que se pasea por la dermis desde los labios hasta la punta de los dedos... y todo, al tiempo que tu madre pregunta si las bragas y el brasiere que aparecieron en su lavadora son míos.

Y yo, entre la vergüenza y el asombro, mientras camino hacia su cuarto me pregunto también: ¿Será que la tanga extraviada vino a dar hasta la lavadora de tu madre? Pero no, veo que ni es tanga ni es mi talla, recupero mi color y, aliviada de saber que la historia que esa prenda cuenta no es mía, regreso detrás de ti hacia la sala.

Pero ahora que me acuerdo yo sí traigo unas bragas extraviadas y tampoco están en mi lavadora. De eso estoy segura porque, en la mañana, los primeros en levantarme fueron los representantes de Whirpool. Dios, las nueve de la mañana y vinieron a decirme cómo funciona mi lavadora. Cómo explicarles, señores, que mi paciencia no resistió una semana y yo hace días que aprendí cómo funciona. No ven que es la primer lavadora de mi vida. Ahora ya no tengo que conformarme con contemplar la de los vecinos, yo subo y bajo a mi azotea igual que ellos. ¿Qué les puedo yo decir a ustedes que vienen a ver si la instalamos bien? Y nosotros que ya hasta nombre le pusimos; porque fíjese que últimamente me da por ponerle nombre a todo, tengo una quesadillera (sí, las quesadilleras existen) que se llama Francisca, una chamarra que se llama Gertrudis, un vestido que se llama Anselmo. Uy, por cierto, vieran qué fresco es el Anselmo... Claro, si la última vez que vi aquellas bragas traía puesto a Anselmo; pero bueno, ustedes no están para saberlo ni yo para andarles contando las tragedias de mis prendas íntimas. Y es que, ahora que lo pienso, aquellas bragas deben de ser las más tímidas que tengo. Comienzo a sospechar que lo qué pasó es que sufrieron de pánico escénico en la subida y bajada de las escaleras

Después de la revisión de Rubí, la lavadora, no queda más que echar a lavar una tanda más; jabón en polvo, suavizante líquido, ciclo regular, carga pesada y que la fuerza centrífuga haga lo suyo. Y de la tanga ni sus luces; ofrécele trece monedas a San Antonio y te la recupera, dice mi madre y de pronto me veo hincada pidiendo el milagrito. ¡Caray! Si ya lo que me importa no es la prenda, sino la curiosidad de saber en dónde carajos quedó; entre que recojo los cuadros, ordeno las listas, hablo con los coleccionistas y selecciono los textos del catálogo, recuerdo a la Sole, con su remedio aquel de San Honorato. He de decir que en los estacionamientos el de San Aparcacio siempre funciona, pero al San Honorato ese no le tengo tanta fe, aunque con intentarlo no pierdo nada y, tal vez, la curiosidad me deje de matar si doy al fin con el paradero de la tanga. Un nudo al cordón y las palabras mágicas: "San Honorato los cojones te ato y no te los desato hasta que me devuelvas los malditos calzones". Va, ahora que le hago el nudo me acuerdo que alguien me dijo que el santo sirve para un carajo, que lo que sirve es el acto de anudar el cordón porque algo se reconecta en el cerebro con ese movimiento y uno termina por recordar en dónde fue que dejó lo extraviado. Pero ni con las trece monedas, ni con los cojones de San Honorato en juego, las tangas terminan por aparecer. Quien sí aparece es el vecino; lava, riega y observa, sabe que estoy aquí y que lo miro, lo que no sabe es que mientras lo miro escribo sobre él al tiempo que intento dilucidar el paradero de mi prenda íntima.

El caldo de tu madre fue tan bueno que han pasado horas sin que me dé hambre. Reconozco que, aunque aún me dan miedo las mujeres de tu familia, ir a comer a su casa fue tan rico como tener a Rubí en la nuestra. Reconozco, también, que aunque es un fastidio no saber en dónde está la tanga fue un alivio que no estuviera en la lavadora de la suegra.

viernes, febrero 03, 2006

¿Y dónde quedó la tanga?

Fue lo último que me preguntaste antes de irte. Haciendo memoria recuerdo haberla visto en el cajón, en mis manos, sobre mi, en tus manos, entre tus dientes, y después... después... ¡después!... ¿de verdad importa en dónde quedó?

martes, enero 31, 2006

bye, bye enero

Hay meses de los que puedo quejarme, meses como mayo en los que el calor me abruma, o como agosto en el que la humedad me cala los huesos, pero de enero no me puedo quejar, es el mes que me parece más brillante de todos, el único que me ha traído más regalos que abril y más emociones que cualquiera de los otros once. Es un mes en el que me da por mover muebles, cambiar colores, tirar recuerdos y renovar la lista de propósitos inconclusos haciendo fogatas con las promesas cumplidas, pero sobretodo es el mes en el que más se conserva el olor a nuevo...

lunes, enero 30, 2006

miércoles, enero 11, 2006

Constelaciones de cama

Cuando estoy sola me gusta tenderme boca abajo para dormir, apoyo la cara sobre el brazo izquierdo y pierdo la mirada en mi pared ventana. Cuando tú estas la preferencia permanece; aunque me gusta que me abraces por la espalda y me recuestes de lado para mirar hacia afuera por entre el hueco que queda entre la cortina y la esquina de la pared.

Alcanzo a ver tres estrellas. Por el color y la intensidad de la más lejana deduzco que más que una estrella es un planeta; por lo que recuerdo de las clases de astronomía, debe de ser Venus, aunque no me atrevo a asegurar nada porque esa clase la pasé literalmente de noche y tú sabes que las constelaciones las confundo tanto como las reglas ortográficas.

Su luz es brillante y tintinea como si bailara cada vez que entrecierro los ojos para mirarla, en cambio, las otras dos son constantes y la luz que irradian es tan imperturbable como su color; la más baja es de un verde pálido, que aunque incapaz de competir con el rojo brillante de la otra, es sin duda cautivante. La más alta sigue bailando en el vacío y las otras entablan la misma conversación de todas las noches; se encienden en silencio, se reconocen impasibles y en algún momento la verde desaparece por un segundo mientras que la más roja, dueña del lugar aparece y desaparece rítmicamente hasta que la verde vuelve a encenderse.

Acaricias mi contorno mientras ellas siguen conversando frente a mí, tu respiración se resbala por mi cuello hasta anidarse bajo mi ombligo cobijándome las piernas; yo... tintineo frente a la ventana, tú... te comes mis silencios y los vecinos siguen lavando blancos todas las noches para que yo mantenga la fantasía exhibicionista de competir en tintineos con la constelación de su lavadora
.

jueves, enero 05, 2006

No me olvido...

No me olvido de mis pecados ni de las noches de confesiones que tengo pendientes, tampoco me olvido del color de tus ojos bajo el agua, ni de la textura de la arena bajo mi espalda; tengo el recuerdo de un cangrejo en mi rodilla izquierda y una beluga que ha decidido pasar las noches extraviada en las arrugas de mis pies.

La silueta desparpajada de un pájaro bobo se pasea en mi horizonte cazando cangrejos transparentes, yo me meto bajo la arena para ofrecerle el crustáceo de mi rodilla izquierda y él camina de un lado a otro tropezando con su pico entre las patas mientras intenta pescarlo, mi cangrejo es más rápido que el bobo; él, orondo de su nombre, mete una y otra vez el pico en la arena sin poder masticar nada.

La marea sube, el sol se oculta, el cielo se tiñe de colores y nosotros subimos las escaleras del risco; los escalones son viejos pero no han perdido su color original, las orillas se despostillan y las miradas van de los violetas del cielo a los indiscretos verdes que se alojan a las orillas de los peldaños.

El agua es tibia y el aire es más fresco que el de costumbre. Aún tengo limón entre los dedos y mis hombros, aunque parecen los mismos, han tomado un sabor tan salado como las olas que se escabullen bajo las sábanas que nos prestaron para tomar notas de la cartografía del lugar antes y después de la tormenta de nombres propios.