Como buena hija única nunca he sido muy buena para compartir los bienes, pero hace poco descubrí que mientras duermo suelo ser muy dadivosa y hasta bilingüe…Una noche mi madre me escuchó decirle…
Entre las fresas del helado de Paco, el chocolate belga del mío, el café de Gabriel y la cercanía de las mesas es inevitable escuchar la conversación de la pareja de al lado; un par de niños "bien"; él, BIEN abrigadito, ella, BIEN mona...
Paco se atraganta el helado con una carcajada, Gabriel grita AY MIS VIDAS! y yo me quedo estupefacta; antes que nada, la estupidez siempre me ha provocado incertidumbre, no sé si comenzar por llorar o por reírme...
-Perdiste tu cartera, verdad?
-Claro que no madre! Cómo voy a perder mi cartera?
-Si Pin, la perdiste
-Qué te digo que no!.. o qué? La dejé en tu casa?
-No hija, la perdiste, aquí no está; búscala y ve que la perdiste.
-Que no! (mientras la busco en mi bolsa) No está!... la tienes tú?
-No hija, la tiene Roberto Aguilar en Aurrera Chapultepec!
Perdí el color, sentí terror y obviamente sin dinero y sin carro tuve que salir literalmente corriendo al supermercado a buscar a Roberto Aguilar. Las calles en lugar de acercarme daban la impresión de hacerse más grandes y yo sin un peso en la bolsa… porque TODO mi capital estaba en la cartera, junto con mis identificaciones, tarjetas de crédito y débito… cómo logré poner toda mi seguridad económica en un solo lugar?, cómo perdí todos los documentos que me otorgan existencia, mi IFE, mi licencia! Todo!... en que segundo me descuidé y extravié todo entre las cajas del supermercado? Que miedo!
Me llevó a buscar mi cartera y otro joven muy amable me la entregó; la habían guardado en una bolsa de plástico después de apuntar todo lo que encontraron en ella, me pidieron que revisara que todo estuviera correcto, por supuesto no lo hice, hubiera querido porder recompensar de alguna forma la buena voluntad y honestidad que tuvieron recuperando mi cartera y localizándome para que la reclamara, pero mi capital era sólo de 620 pesos y 500 eran parte de la renta de este mes así que no iba yo a entregarles 60 pesos a cada uno como recompensa, de hecho nunca había pasado por una situación así, les di varias veces las gracias y me retiré; más tarde encontré que lo único que estaba en mis posibilidades era gastarme lo que no era de la renta en unas ricas galletas y llevárselas con una nota, además por supuesto de escribir este post porque personas como ellos hacen que una vuelva a creer en los demás.
No todo es karma, de vez en cuando el darma también se asoma, diría mi tía Vicky que entiende de esas cosas mucho mejor que yo.
El primer temblor de mi vida lo pasé en la panza de mi madre, fue el del 79; aquél en el que el ángel no pudo aletear, aquél en el que mi padre entre sueños le dijo a mi madre… es normal, tú duérmete, que yo te protejo y se giró para seguir durmiendo mientras mi madre y yo escuchábamos crujir las paredes preguntándonos si en realidad aquello sería normal, el temblor acabó y después de un rato mi padre realmente despertó se baño y se fue a trabajar a la Ibero en donde daba clases, cuando regresó a casa estaba más pálido que de costumbre, sus facciones estaban desencajadas y sorprendido le dijo a mi madre… TEMBLÓ y la Ibero se cayó… a lo que mi madre le respondío… Y tú eras el que me protegía?!
Me he topado con algunas tocayas por la calle; cuando alguien exclama Isis y no sólo volteo yo, como hace un par de noches en un mac donalds cuando escuché que me ordenaban limpiar las freidoras… orden a la que Cariño respondió soltando una carcajada y diciéndome… ahí te hablan!
-Los regalos más memorables siempre me los han traído los Reyes Magos; el veinticinco de diciembre podrá fallar, pero la mañana del seis siempre ha sido especial.
-Esta vez también tienes miedo?
-No, esta vez el azul es más grande que mi miedo
-El azul siempre ha sido igual, tú eres la que se construye las paranoias
-vas a venir de una vez a meterte conmigo entre los nenúfares o vas a seguir regañándome?
-la primera opción siempre será mejor, vamos.
Los escalones se hicieron cortos hasta que nos perdimos entre los azules.
Cuando era niña mi padre me enseñó a montar en bicicleta… dicen que lo que bien se aprende nunca se olvida, yo nunca aprendí bien pero tampoco lo olvidé. Ahora a mis veinticinco puedo pedalear una bicicleta de forma poco eficaz pero certera para llegar a alguna esquina y pararme antes de que un carro me arroye.
Mis padres; primerizos y sobre protectores, sólo me dejaron tener un triciclo en casa por miedo a que algún pendejo fuera a atropellar a su pequeña y ágil primogénita, aunque siendo sincera con ustedes, la pendeja era yo y los conductores eran los que tenían que tener cuidado de mis maniobras. Y una vez más mis padres hicieron lo correcto para mantenerme en una sola pieza.
En fin, aun sin bicicleta propia logré aprender a conducirlas y años después he podido recordar las premisas elementales para avanzar de la mejor manera posible sobre una bicicleta, eso si, tampoco esperen que mis habilidades sean muy equilibradas ni mucho menos innovadoras, que ya bastante hago recordando como hacer para pedalear y llegar a alguna parte.
Y yo que creía que durmiendo iba a obtener claridad y coherencia mental, pero ya veo que no, si en realidad el punto aquí no era hablar de la bicicleta, ni del pedaleo que ésta requiere; pero que sé yo, como dicen los psicólogos, “usted comience a hablar, que luego le damos forma a su discurso” así que aquí estoy yo, con mi casa aun empolvada, porque tengo más sueño que ganas de limpiarla, pero feliz de estar de nuevo aquí hablando de cuando aprendí a manejar una bicicleta… ¡ahora sé cual era el punto…! la premisa importante del asunto es “llegar a alguna parte”…
Eso es lo que me interesa; llegar a alguna parte, No se los había dicho antes para no entrometerme con su espíritu navideño pero cuando llega diciembre yo lo único que quiero es pedalear alguna bicicleta lejos de las lucecitas, los arbolitos de navidad y los señores gordos y de barba blanca que prometen cumplir nuestros deseos; lamentablemente sigo esperando la bicicleta que pedí alguna vez entre mis antojos y que nunca llegó.
Sin la habilidad de pedalear lejos de todo esto, este año me había echo a la idea de permanecer en casa y olvidarme de las obligaciones navideñas en la soledad de mi hogar sin emitir queja alguna, hasta que mi madre llegó con la propuesta de que hiciéramos un viaje en auto desde Guadalajara hasta Chetumal para terminar pasando el día veinticuatro con la familia Hadad, al final sería algo familiar pero ajeno, eso siempre es más divertido…
El viaje era tentador y riesgoso porque mi madre y yo cuando pasamos mucho tiempo juntas tendemos a pelear por todo y a discutir por nada; esta vez sólo peleamos una vez, (una de dos: o ambas hemos madurado o tuvimos mucha suerte). Antes de que yo naciera, cuando mi padre y ella aun eran hippies hicieron ese viaje por el sureste.
Desde que tengo memoria mi madre me contaba lo bonito que era Veracruz, las ganas que tenía de llevarme a conocer y a ver la isla de los monos en Catemaco;, desde que me contó la idea del viaje el lugar al que más le emocionaba volver era Veracruz, salimos de Guadalajara al DF, de ahí a Puebla, un lugar hermoso al que espero no volver sin un poblano, porque a pesar de mi buena disposición no pude entender como funcionan las calles, y es que jamás he sido buena ni con los números ni con los puntos cardinales nunca entendí como encontrar la 11 sur con la 32 poniente (mentira, no tengo idea de si esas calles cruzan, porque nunca entendí el mapa).
Pfssss… pfsss… ¡carajo! ¿Por dónde se mete tanto polvo? Si apenas desaparecí un par de semanas del viejo año y un par de días del nuevo. Abrí la puerta y mi casa no me reconoció; está fría y llena de polvo, un par de telarañas se lucen entre los barrotes del balcón, una planta se secó de tanto extrañarme y los muebles han envejecido un poco, la cama sigue tan emberrinchada como la mañana en la que me fui y el baño tiene una tristeza notable, pero ánimo! He regresado! Si les dije desde el principio que sólo me perdería por unos días, ánimo! Que yo también los he echado de menos de una manera atroz, sobretodo el último fin de semana que se me ha hecho tan largo como la cuaresma, y es que estar en casa ajena sin hacer nada cuando sabes que en la propia hay infinidad de cosas inconclusas es verdaderamente exasperante.
He vuelto! Mañana regreso sin falta, un beso un abrazo y todo mi agradecimiento a los que han tenido la paciencia de esperarme por aquí. Buenas Noches, seguro que mañana, después de dormir varias horas lograré mayor claridad y coherencia.
Recuerdo que la cama aun me quedaba grande a mis seis años. Recuerdo mi cobija con dibujos azules. Recuerdo a mi madre parada frente a mi closet buscando mi ropa para la escuela. Recuerdo la imagen del techo sobre mi cabeza; escucho mi voz pidiéndole a mi madre que me deje dormir más tiempo. Recuerdo su cara de angustia viéndome a los ojos y gritándole a mi padre que está temblando. Recuerdo como me saca de la cama, como se mueve el piso bajo mis pies y como apenas podemos llegar al marco de la puerta. Recuerdo las manos de mi madre abrazándome y su voz de pánico gritando el nombre de mi padre.
Recuerdo mis ataques de pánico en la oscuridad. Recuerdo la parálisis del cuerpo y las pesadillas telúricas y recurrentes que he tenido desde entonces.
Diccionario: m. Reunión, por orden alfabético o ideológico, de todas las palabras de un idioma o una ciencia…
Por ejemplo, si buscan la palabra extrañar en un Pequeño Larousse Ilustrado versión 1969 sexta edición pueden ver lo siguiente:
EXTRAÑAR:
Sentir la novedad de algo: extrañar la cama del hotel, (interesante, aunque creo yo que extrañaría más al compañero de cama que a la cama misma, pero cada quien), Por otra parte si ese no era el extrañar que buscaban y lo que quieren decir es que echan de menos a alguien la definición es la siguiente, Echar de menos: La vaca extraña a su cría, (digo yo, es una forma sutil de decirme vaca por añorar una presencia que no precisamente es una cría) estoy segura que después de lo anterior preferirán la última versión, que al final es en la que terminará este post
Causar sorpresa: Me extraña lo que dices. Al menos en este texto yo misma me he extrañado de la facilidad con la que pasé del olvido y la soberbia, a la sensualidad del deletreo, a las similitudes con mi perro patinando hasta que recordé la novedad de la cama y me dijeron vaca.
Última y hoy más interesante variante de la palabra extrañar Maravillarse: asombrarse de una cosa...
El corazón es un órgano susceptible y frágil que tiene el vicio de regalarse y de perderse en otras manos fácilmente. Sería bueno poder guardarlo bajo llave y extraviar de inmediato la llave en algún océano porque el corazón además de un órgano vital es también un arma peligrosa, incluso para su propio amo; es un artefacto que debería venir con instrucciones y un examen para estar seguro de saber utilizarlo sin lastimar a nadie.
Links: suspiros similares, sentimientos ajenos, pastillas para salir herido